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jueves, 3 de junio de 2010

Adiós a Juan Carlos Bustriazo Ortíz



A los 81 años de edad murió el 1 de junio, uno de los grandes poetas pampeanos Juan Carlos Bustriazo Ortiz. Escribió una voluminosa obra, la mayor parte de la cual sigue inédita. Aportó al cancionero popular y su vida es ya casi una leyenda.

A su decir el era Juan Ortiz, apellido que había tomado de su madre. A los 19 años, ingreso como telegrafista de la policía de La Pampa. Con ese trabajo conoció su pampa llana, se impregno de su desierto, de su hablar mapuche, pues conoció, entabló vínculos con ellos desde muy jovencito y se hizo de amigos.

Bustriazo Ortiz explicaba-ante sus eventuales entrevistadores- “…Mapu significa país, che: gente. Ellos fueron corridos por los incas que son los blancos, siempre tan educados y civilizados los huincas” ironizaba este gran poeta. Sufrió los avatares del vino y en alguna oportunidad estuvo internado en el Psiquiátrico del Hospital Lucio Molas de La Pampa.

Bustriazo Ortiz afirma que a causa de los medicamentos su imaginación poética fue matada. Su ultimo libro publicado en el 2004 se llamó “Libro del Ghenpín”
El poeta también sostuvo que no hay nada más excitante que la comida y el sexo…

Toda su obra se encuentra publicada en seis libros: Elegías de la Piedra que Canta (1969), Aura del estilo (1970), Unca Bermeja (1984), Los Poemas Puelches y Quetrales (editados en conjunto en 1991), y el ultimo del año 2004.

Ahora, queridos lectores, les dejamos algunos de sus poemas…

Adónde vas, poeta nochernícola,
de austera sal, de halo melancólico?
Y el primo amor, o bien, el tu penúltimo?
Y el vaso azul? Erótico y arqueólogo
te sientes bien, mi vate, muy católico?
Eres o no el juglar, el archimítico,
el hacedor maniático, elegíaco
de tu canción? O estrilas de neurótico
talante, o vas de túnica, de báculo
por la vastura de la noche eólica?
Ay semoviente, austral humano mágico,
nómade Juan, desnudo en lo fonético?

(Ruta 5, divagando bajo el pánfilo viento)
Juan Carlos Bustriazo Ortiz, Cuadragésima Tercera Palabra, de Libro del Ghenpín (1977), 2004.


8

Oh mi dormida entre mis brazos
Cuantos siglos que no teníate
Desde los abrigos hollinosos
Entre valles primigenios
Desde las cuevas de piel verde
Desde los aleros silbadores
Desde las cópulas del guanaco
Desde las cruces laberintonas
Y eran lo creado las pinturas
Y entre nosotros cuantos desmayos


Una vez fuiste fogata
Un sol como en desvarío
Y yo pintábate en el vientre
Una guarda con miel de abejas
Llégueme herido de una caza
Y hierba fuiste forma del unto
Entre los cueros de la noche
Con el color de mi piedra madre
Oh mi dormida entre mis brazos
Y yo velaba en los pedernales!


Texto hasta aquí y envío de foto del poeta: Agradezco el aporte literario de la joven escritora Malka Bentivegna (1983) que me acercó a las letras de este increíble autor pampeano, para compartir esta nota.

Malka, en la actualidad cursa ‘Narrativa contemporánea con orientación a la investigación informática’. En 2004 se recibió de técnico superior en Hotelería y Turismo.

Sus libros publicados en poesía son Noctámbula, Antología poética compartida junto a la poeta Valeria Ortiz Sarmiento (Editorial Revistas Callejeras) y el libro independiente Desnudez (poesía Erótica).

Y de ella es este poema, para que compartan sus sentimientos:

Voy al encuentro del polen en la cicuta,
veneno en tu boca.

A tu sigiloso latido lleno de aguzadas flechas oscuras,
a los rincones de los peces abruptos con entrañas de lodo.

Voy al dolor mezquinamente,
hasta que te mueras con tus miembros de barro…
hasta la muerte.



Algo más sobre Juan Carlos Bustriazo Ortiz

Regresamos al poeta pampano, para profundizar más sobre Bustriazo, de la mano de Cristian Aliaga, que prologó su Antología ‘Yo sé que labro joya oscura’. Cristian, nació en Darregueira, Buenos Aires en 1962 y reside en la Patagonia. Es escritor, periodista y profesor universitario. Publicó libros de poesía, prosa y crónicas.

Dijo de Juan Carlos Bustriazo Ortiz que “nació en Santa Rosa, entonces capital del Territorio Nacional de La Pampa, el 3 de diciembre de 1929. Su obra poética, iniciada con "Los poemas puelches" (1954-1959), incluye más de sesenta títulos. De ese conjunto extraordinario sólo se publicaron "Elegías de la piedra que canta" (1969), "Aura del estilo" (1970), "Unca bermeja" (1984), "Los poemas puelches"- "Quetrales" (1991) y “El libro del Ghempín” (2004); todos en pequeñas tiradas y prácticamente inhallables.”

Bustriazo viajó “por el fondo de la región pampeana: puestos, campos perdidos de la civilización, obradores de Vialidad y boliches que jamás figurarán en cartografías –como el legendario “Temple del Diablo”– han sido su país natal.

Baqueano de caminos, parajes y rastrilladas, autodidacta y erudito, nómade en su territorio. Siempre en los márgenes, desde sus tiempos de telegrafista en Puelches, como trovador errante, prendado de peñas folclóricas, boliches, extramuros, mujeres de la vida. Su experiencia profunda frente al paisaje fue uniéndose a la búsqueda de un lenguaje “otro”, más “clásico” en los primeros libros, emparentado con la música y el canto.

Su experiencia de escritura ha sido cambiante y poderosa. Ya en "Elegías de la piedra que canta" (1969) el poeta "desarmó" su lenguaje para crear un sistema poético encantatorio, pampeano-surrealista, folclórico-universal.”

Más adelante, reflexiona Cristian Aliaga: “Me impresionó la noticia de que el mismo autor carece, hasta hoy, de los originales de sus propias obras. Durante casi un lustro, desde comienzos de los ’90, Bustriazo Ortiz fue paciente del Hospital Psiquiátrico "Lucio Molas". "Frecuentado por infinidad de amigos”, permanecía “encerrado en un mutismo total”. “Sólo queda entablar con él el diálogo del silencio" decía entonces Juan J. M. Álvarez.

En ese contexto, el poeta decidió depositar la totalidad de su obra inédita en manos de una persona de confianza que se encargaría de preservarla.

Ya recuperado y dado de alta, residió en la Asociación de Escritores de La Pampa hasta su matrimonio con Lidia Hernández.”

Y finaliza Cristian Aliaga, diciendo que “Bustriazo Ortiz ha sufrido una doble exclusión. Sin embargo, a él puede aplicarse lo dicho por Muschg: “los poetas no sólo han creado la cultura, sino que una y otra vez la aniquilaron, cuando les pareció poco vital”. La obra del gran poeta pampeano, escondida o en circulación, pertenece a un fondo común de la humanidad.”

Elegí para sumar, parte de un poema de este escritor casi desconocido y a la vez, dueño de un fuego interior increíble y un lenguaje propio para hablar de amor. Está con su forma de decir las cosas, más allá de detalles ortográficos, desplazados por la fuerza de sus dichos:

déjame ser una gaviota
en los tomillos de tu nuca
una avutarda de agua y trémolo
en la tazona de tu garganta
déjame ser un mirlo mucho
un gavilán de negro encaje
un cachilote aterciopelado
a media siesta y media laguna
un hornero con pies de barro
y con las sienes de belleza
un gorrión a medio salitre
a media piedra y media lágrima
en tus lomadas tormentonas


déjame ser estantas alas
estantos reinos de volidos
sobre tus costas anochantes
sobre tus líquenes susurrones
sobre tus mujeres de miel muerta
déjame abiertos estos picos
en los azules de lo secreto!


Y después de leerlo, recupero el aliento para brindarle un homenaje. Vayan estos versos al poeta del extraño nombre, que ya se internó en mis mejores recuerdos.

Al poeta de extraño nombre

La vida lo hizo marginal, esquivo,
Brote de cardo en medio de la pampa
Veo sus ojeras, aun sin conocerlo
Y sus versos ahogados en granate.

Águila negra que ayer abrió sus alas,
Canto telúrico de silencios alucinados
Fuerte estocada de amores clandestinos
Suave gacela de pasiones recobradas.

Titán de todas las divagaciones
En que nube escondiste tus poemas
Para seguir transitando las entrañas
De los poetas, con todo tu sigilo...


María Evelia Pérez Nicotra - 3.40 am del 3.06.2010

Finalizamos con un comentario acerca del poeta, de http://www.eldiariolp.com.ar/

“Me gustaría ser recordado como una buena persona. Como un anciano de gran corazón”, decía Juan Carlos Bustriazo Ortiz. Quiso el destino que muriera a los 81 años, arrebatándole el sueño de llegar a los 100 ó 101.

Sin embargo, la muerte de quien es quizá el más grande poeta pampeano es el renacimiento del mito que acompañó durante años a este artista gigante, a veces esquivo, hereje bebedor de una enroscada riqueza y que juraba -aún poeta maldito- que se limitaba a escribir los dictados de Dios.


Decidió firmar Ortiz, como su madre. Y recordaba que Bustriazo, apellido de origen italiano, significa tres bueyes grandes.

Fue radiotelegrafista y eso le permitió recorrer buena parte del territorio pampeano. También fue corrector y linotipista en el diario “La Arena”, animó culturalmente varios boliches y peñas de la ciudad. Se enamoró de Rosita, pero ella se fue con otro hombre: “Yo era muy enamoradizo. Me gustaban las muchachas... El amor tiene un poder extraordinario.

Numerosos de sus poemas fueron musicalizados por músicos locales. Su obra fue declarada de interés provincial.
La profesora Teresa Girbal lo incluye en el texto de investigación Estudios de Literatura Pampeana (1974), 1981. Fue publicado en las revistas Bardo, La Danza del Ratón, Alguien llama, carpeta de poesía argentina, Diario de Poesía; patagonia/poesía; Museo Salvaje, Alter Ego.

Numerosos de sus poemas fueron musicalizados por artistas locales. Su obra fue declarada de interés provincial.
La profesora Teresa Girbal lo incluye en el texto de investigación Estudios de Literatura Pampeana (1974), 1981. Fue publicado en las revistas Bardo, La Danza del Ratón, Alguien llama, carpeta de poesía argentina, Diario de Poesía; patagonia/poesía; Museo Salvaje, Alter Ego, además de lo mencionado al principio de la nota.

“Cuando tomo vino tinto, aunque esté solo, digo: ’¡yapai peñi!’, que significa ’¡salud hermano!’, en mapuche.

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